Se
acabó la botella de Arehucas, todos quedaron sentados formando un círculo
mirándose entre ellos sin saber qué hacer. De repente se escucharon unos gritos
donde se nombraban sus nombres, Jorge pensó que una de esas voces era la de su
madre, estaban ya preocupados porque era muy tarde y no habían llegado a casa.
Ellos estaban entre la espada y la pared, si aparecían quitaba la preocupación
a su familia pero les encontrarían con un trago de más lo que les disgustaría.
Matías dio la idea de esconderse esa noche y aparecer al día siguiente pero los
demás no estaban de acuerdo, prefieren que sus padres les vea así y explicarle
lo sucedido aunque se enfadasen mucho con ellos a pasar una noche fuera de casa
por ocultarlo, además, al aparecer al día siguiente se les notaría la cara de
la resaca de dormir poco y tener un trago de más. Matías no estaba de acuerdo
pero cuando vio salir a sus amigos a dar con los padres les siguió, no iba a
quedarse solo toda la noche en el callejón, ya empezaba a hacer mucho frío,
cuando de repente escucha la voz de su padre, su madre y su hermana pequeña
gritando: ¡Matías, Matías dónde estás! No pudo contenerse rompió a llorar en
mitad del camino y el grupo se paró para que él se relajara, mientras esperaban
Jorge preguntó qué dirían a los padres cuando les pregunten dónde estaban, por
qué no habían aparecido, … Se pusieron todos de acuerdo para contar que se
habían perdido por el callejón buscando una pelota que se les había perdido
allí y no encontraban la salida. Saliendo por fin del callejón tenían que
recorrer los últimos 300 metros para llegar a la zona donde estaban sus padres,
caminaban con las piernas temblando y con el sudor frío recorriéndoles la cara,
estaban muy nerviosos cuando finalmente llegan al lugar y…
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